| Arquitectura Popular. Los Palomares |
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| viernes, 05 de mayo de 2006 | |
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Roldán Morales en su obra, casi definitiva, sobre los palomares de Tierra de Campos, aborda su estudio bajo un punto de vista original y muy bien fundamentado, ya que plantea al análisis de estas construcciones como se de aunténticas casas se tratara. Y ciertamente no le falta razón; las construcciones auxiliares, salvo este casa en concreto del palomar, no se caracterizan precisamente por reunir todos los elementos propios de una vivienda propiamente dicha: celdas, pasillos, patios, galerías, terrazas de paseo; puertas, ventanas, aleros, etcétera, elementos que sí tienen cualquier palomar.
Aunque podemos encontrar palomares en casi todas las zonas de la provincia elaborados con los materiales propios de la región, el área por excelencia de estas construcciones es la Tierra de Campos. Allí se plantean, sobre zócalos de piedras, grandes fábricas de barro: de tapial en las partes más bajas y de adobe en las más altas por su mejor manejo. Hechos los muros, suelen estos revocarse, en su parte exterior, con barro y paja (a veces también con fragmentos de cerámica que dan mayor cohesión) que se convierten en una “costra” que impermeabiliza y protege la construcción de los agentes climáticos. A veces la “costra” se encala. Roldán planteaba ocho tipologías de palomares atendiendo a dos premisas: de un lado, la forma aparente exterior, y de otro, la existencia o no de patio descubierto; según ellas, tenemos palomares circulares, cuadrados y rectangulares con o sin patio; poligonales y mixtos.
Los nidos, nichos o nidales instalados en su interior para acoger a las palomas, pueden ser realizados de diferentes formas: perforando los muros a golpe de piqueta, una vez señalado su perímetro con una plantilla semicircular (a veces en esos huecos de cuatro de esfera, también llamados “horacas”, se colocaban vasijas de barro sin cocer), o adosando a la pared una fábrica de adobes de forma ortogonal o un conjunto de igual retícula formado por adobes y tablas horizontales; los nidales, a veces, se encalaban para preservarlos de la humedad. La decoración en los palomares aparece siempre en las zonas que coronan los guardavientos, y son generalmente antepechos con cresterías de ladrillos que forman caprichosas formas más geométricas, cuando no pequeños pináculos de evidente sobriedad. |
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Sus antecedentes hay que buscarlos en el mundo romano si atendemos a los fuertes paralelismos estructurales y compositivos de los palomares, con algunas formas edificatorias de las casas de ese gran período clásico. De los palomares de la Tierra de Campos conocemos referencias escritas desde los siglos XI y XII, apareciendo citados como construcciones integradas en las “villas” de la época. Su larga permanencia está basada en ser, durante mucho tiempo, una constante fuente de ingresos por su rentabilidad en cuanto a la cría y comercio de aves para alimentación y caza, así como por la utilización de la palomina (excremento de las palomas) como extraordinario fertilizante.



