| Arquitectura Popular. El barro crudo: adobes y tapiales. |
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| viernes, 05 de mayo de 2006 | |
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La riqueza natural de una zona en determinados materiales o, por el contrario, su carencia en otros, determina, de forma decisiva, la realización de obras populares. El uso de un determinado material, ofrecido por la Naturaleza y disponible casi al alcance de la mano, origina conjuntos perfectamente coherentes que magnifican la obra individual. La economía, generalmente pobre, de la población rural, hace que se aprovechen los materiales que ofrece el medio de forma intensa, merced a lo cual tendremos extensas comarcas con utilización casi exclusiva del adobe, ladrillo o piedra según las características del terreno.
Sin duda, la más conocida y utilizada es la fabricación de adobes. El adobe es, sencillamente, una masa de barro (a veces mezclada con paja, cal, arena o estiércol para dar consistencia) sin cocer que se dispone en un molde de madera llamado “mecal” o “gradilla” para darlo forma cúbica, y una vez apisonado a mano, se saca del molde para dejarlo secar al aire hasta que se compacta definitivamente. Esta forma de construir con barro crudo ofrece ventajas distintas a las que nos proporciona el adobe, ya que si este ultimo es mas indicado que el tapial para construir los muros de pisos altos, para el relleno de entramados de madrea o para la elaboración de bovedillas, dado que sus pequeñas dimensiones ofrecen al constructor popular mayores comodidades en su manejo, también es cierto que para muros y tapias de espesor y superficie considerable, es mucho más indicado el tapial. Otras aplicaciones del barro son: como mortero, para unir cantos rodados o piedras; mezclado con paja, como revoque de muros y tapias, para lograr mayor impermeabilidad y paliar los bruscos cambios de temperatura (es el llamado “trullado”, “embarrado” o “manta”); como refuerzo de muros o tabiques hechos de armazones de varillas de cañas o de listones de madera; bien apisonados, en suelos de construcciones humildes, etc. A pesar de la sencilla elaboración que requiere, la gran solidez y las ventajas que ofrece sobre otros materiales (sobre todo, como aislante término y acústico), así como su bajísimo coste, el empleo del barro crudo en la construcción de obras populares ha decrecido de forma considerable. En ello han incidido el mayor acceso del medio rural al conjunto de nuevas técnicas que, sólo a veces, ofrecen mejores soluciones; también, el cuidado anual o bianual que debe hacerse para su correcta conservación en determinadas aplicaciones; la falta de conocimiento de las técnicas de fabricación tradicional, sufrida por los jóvenes constructores populares, etc., han influido, de forma decisiva, en el desprecio casi sistemático de sus utilización, sin pensar que, en muchos casos, la eficacia de este material, convenientemente elaborado, es mucho mayor que la de otros a primera vista mejores. Cabe decir, por último, respecto de este material, que no todas las tierras son óptimas para la elaboración de adobes y tapiales; es indispensable que el porcentaje de arcilla no llegue al 20% y que la proporción de arena sea superior al 45%; el contenido de agua para el amasado no deberá superar el 12% del peso de la arcilla empleada. Debe dejarse constancia que si se usa paja en su fabricación, ésta debe estar bien seca y picada, y que el empleo de materiales vegetales puede llevarnos a correr el riesgo de un estado de pudrimiento que dichas materias que desbarataría la masa. |
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El barro crudo, es decir, sin cocer, es el material más utilizado en las construcciones tradicionales y se presenta, sobre todo, en sus dos modalidades más conocidas: el adobe y el tapial. Sin embargo, no sólo encontramos estas dos aplicaciones del barro sin cocer en muestra arquitectura popular; por ello, y remitiéndonos al libro de J. Luis A. Ponga “La arquitectura del barro”, comentemos las principales formas de aplicación de este material.


